Si tus muebles tienen marcas, el culpable no es un gato "malo": es un gato sin opciones. Rascar es un comportamiento innato con tres funciones: afilar garras, marcar territorio con feromonas de las almohadillas de las patas y estirar la musculatura.

¿Por qué elige el sofá y no el rascador?

Porque el sofá es más alto, más estable y tiene mejor textura. Los gatos prefieren superficies verticales (para estirarse por completo) y materiales como sisal, cartón corrugado o tela natural. Si el rascador se mueve al usarlo, lo va a descartar.

Cómo elegir bien

  • Altura: que permita al gato estirarse de punta a punta (mínimo 60 cm para un adulto).
  • Estabilidad: base pesada o ancha. Si se voltea, pierde interés.
  • Orientación: muchos gatos prefieren vertical; otros, horizontal. Lo ideal es tener ambos.
  • Ubicación: junto a donde duerme o cerca del sofá que "ataca". No en otra habitación.

Trucos para que lo use

  1. Rocía el rascador con catnip (menta felina): a la mayoría de los gatos los vuelve locos.
  2. Juega con una caña cerca del rascador para asociarlo con la caza.
  3. Protege temporalmente el sofá con cinta adhesiva doble cara o plástico burbuja: las texturas las rechazan.
  4. Nunca lo castigues por rascar: redirígelo al rascador y recompénsalo cuando lo use.

Un rascador bien elegido dura años y salva muebles de miles de pesos. Y mientras cuidas esos detalles, nosotros nos encargamos de que la arena nunca te falte.